El Túmulo de Gorblag

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Relato: Nogheim Parte 2

La semana pasada dejé la primera parte de este relato Nogheim Parte 1 que presenté a un concurso. Aquí está la segunda parte con la que finalizo el relato.

Nogheim parte 2

Cuando los parroquianos se marcharon y mientras Calver y su hija acababan de recoger la taberna fue cuando sucedió algo que nunca hubiera creído posible. Había pasado un tiempo desde que se fuera el último vecino bajo el aguacero y de que el resto de la compañía subiera a la sala común a descansar. Me encontraba yo sentado en la barra apurando mi vaso de vino aguado cuando la puerta de “El cuerno de cabra” se abrió de golpe y entró rodando por el suelo lo que parecía una persona enrollada en una capa completamente empapada. Dio varias vueltas sobre sí misma y aterrizó casi a mis pies quedando con las extremidades extendidas y mirando hacía el techo.

El rostro redondeado y pecoso aparecía enrojecido, aunque no hacía mucho frío, y algunos mechones de pelo rojo mojados se pegaban a este. La respiración era entrecortada y evidentemente la chiquilla, que acababa de aparecer de esta guisa parecía huir de algo.

Miró a su alrededor rápidamente, se puso en pie con premura y apartándose de mi corrió a cerrar y asegurar que nadie del exterior pudiera abrir la puerta de la taberna mientras Calver, Iselda y yo mismo observábamos lo que hacía.

 

  • ¿Pero qué…? – Se oyó la voz aguda del tabernero desde detrás de mí – La taberna está cerrada ya, a no ser que quiera alojarse no podemos ayudarla, Señorita.

La chica, apoyada contra la puerta de espaldas a esta después de cerrarla nos miró con curiosidad. Vestía con ropas cómodas de viaje, de tonos marrones, sobre los cuales destacaba su piel blanca, su pelo rojizo y un único brazal plateado que cubría su antebrazo izquierdo.

  • ¿Dónde estoy? – preguntó a nadie en concreto.

Miré a los otros dos y vi su cara de confusión.

  • ¿Quieres decir que no sabes dónde estás? – pregunté. Ella asintió.
  • Está usted en Nogheim, en el valle de Lacarhty, señorita – Contesto Iselda.

La chica quedó pensativa y metiendo su mano en una bolsa que llevaba debajo de la capa sacó un pergamino donde parecía haber un mapa que extendió sobre la barra justo donde mejor luz tenía.  Luego quedó mirando este en silencio mientras buscaba algo.

  • Señorita – volvió a repetir Calver – Si no necesita alojamiento no puede quedarse, ya hemos cerrado.
  • Déjala un rato – Dije cargando la pipa – Parece perdida y creo que necesita un lugar seco para aclararse. Ahí fuera hace un tiempo de perros – El tabernero se encogió de hombros y volvió junto a su hija a recoger lo que quedaba.

La chica se había quitado la capa colgándola en la percha cercana a la chimenea, que estaba apagada ya que hacía bastante calor. Parecía esbelta y ágil, claramente muy joven, más que los gemelos. Estaba nerviosa, excitada, pero no asustada y desde luego no le asustábamos nosotros. El pelo rojo recogido en una gruesa trenza le caía por la espalda donde se podía apreciar un arma no muy grande enfundada, una espada corta. No se veía mucha gente por aquellos pueblos que pudiera poseer un arma y además que pudiera leer un mapa. La mayor parte de la población del valle era analfabeta y se dedicaban a cultivar los campos o al ganado. No necesitaban armas más allá de algún cuchillo y los utensilios de caza.

Me acerqué a la chica después de un rato observándola. Ella al percatarse de mi presencia me miró directamente a la cara. Miré el mapa y después de buscar aproximadamente donde estábamos se lo indiqué con el dedo.

  • Aquí es donde estás ahora mismo – La miré a los ojos, oscuros y grandes – Mi nombre es Reinald. ¿Te puedo ayudar a encontrar algo? – Miró el punto que le indicaba. Y señalando otro con su delgado índice me dijo
  • – Busco la torre de las maravillas.

En el mapa aparecía un dibujo bastante detallado de una torre blanca puntiaguda. El idioma en el que estaba escrito no me sonaba, pero estaba bastante cerca de Nogheim, en el mismo valle de Lacarhty, pero subiendo por la ladera de “Pico amargo”.

  • Es un sitio complicado. No he estado nunca pero se dice que es escarpado y peligroso, sobretodo en esta época del año, que empiezan las lluvias.
  • Da igual, tengo que llegar allí, sólo tengo tres días para completar mi misión y ya he perdido uno en llegar a este estercolero.

Demasiado determinada y decidida para su edad. Había algo que no me acababa de cuadrar en ella, como si su presencia no fuera del todo natural, o coherente, en aquel pueblo. Ya era raro que una chiquilla portara armas y supiera leer, pero además no podía dejar de tener la sensación que todo en ella era extraño.

Me senté en una de los taburetes de la barra. Miré la puerta cerrada y el reguero de humedad que había dejado la chica al rodar por el suelo cuando entró.

  • ¿Huyes de algo o alguien? – Vi de reojo a Iselda levantar la cabeza y quedarse mirándonos ante mi pregunta. La chica pelirroja me miró a los ojos frunciendo el ceño en una mueca de sospecha – Has entrado muy apresurada y has cerrado la puerta enseguida, el agua entra igualmente aunque atranques la puerta, las bestias o las personas no – dije impasible. Ella volvió la vista hacía la puerta cerrada por un instante, y luego me miró de nuevo.
  • Te crees muy listo para ser un viajo campesino del montón – dijo seriamente – ¿Reinald, verdad? – Asentí con la cabeza – Pues debo informarte, Reinald – Remarcó mucho mi nombre al pronunciarlo – que no es asunto tuyo de lo que yo huya.
  • ¿Entonces sí está usted huyendo de algo, Señorita? – preguntó Iselda acercándose. La chica la miró y frunciendo el ceño cruzó los brazos sobre su pecho y contestó un poco a desgana – Tampoco es asunto tuyo, pueblerina. Lo único que me interesa es llegar a la Torre blanca y terminar mi misión en menos de dos días o la recompensa no habrá valido la pena.

Y fue en este instante cuando viví la cosa más extraña que he vivido en mi larga vida. En ese mismo momento se escuchó un sonido agudo, muy agudo, intermitente, que salía del brazal plateado que tenía la chica. Ella se quedó mirando aquel objeto y apresurada fue pasando por encima los dedos de su mano derecha empezó a pulsarlo con un patrón que no comprendíamos pero que hizo que dejara de sonar.

  • Me han encontrado.

Dijo para sí misma, sacando de la funda su espada. El arma, impoluta y bella, brillaba a la luz de la tenue iluminación de la sala. Iselda ahogó un grito cuando el estruendo de unos golpes en la puerta rompió el silencio. Fuera había alguien y quería entrar, como fuera y tenía toda la pinta de que quería a la chica. Calver se acercó a su hija para protegerla y yo le hice señas a ambos para que mantuvieran silencio y se retiraran hacía la parte trasera de la taberna, donde podríamos subir al piso superior.

La chica mientras esperaba de cara a la puerta en la cual ya no se oían los golpes. Yo la veía de espaldas mientras me retiraba y entonces vi entrar algo por una de las ventanas laterales que debía de estar rota o no estaba bien cerrada.

La figura, ataviada con una armadura rosada demasiado chillona y un yelmo exageradamente labrado se levantó rápidamente e intentó atacar a la chica pelirroja con una lanza. Esta, que no esperaba el flanqueo, pudo esquivar a duras penas el ataque.

  • ¡Puñetera sabandija escurridiza, te voy a matar! – Dijo una voz de hombre desde dentro de la armadura – Me vas a pagar el combate del otro día.

El de la armadura rosada siguió atacando mientras la muchacha iba esquivando y parando golpes, la velocidad a la que se movían por la sala hacía difícil seguirlos y más cuando estábamos intentando huir hacía el piso superior. Empujé a los dos taberneros con más ahínco hasta llegar a las escaleras. Los dos contrincantes se habían estado desplazando por la taberna en su lucha y habían llegado a la zona de las mesas, tirando con sus cuerpos y ataques algunas sillas al suelo.

La pelirroja dio dos pasos atrás, esperó y cuando vio que su rival atacaba de nuevo se movió lateralmente. Gritó al atacar y su espada empezó a brillar con un color verdoso. El atacante se había precipitado y había dejado su flanco libre al cual se dirigía la espada corta a gran velocidad. Iselda gritó al ver la escena.

  • ¡Mierda… otra vez no! – dijo el de armadura rosada desde dentro de su yelmo.

La espada corta lo había atravesado y después de eso cayó al suelo. La chica quedó mirando durante un segundo, esperando algo. El cuerpo del caído de pronto desapareció delante de nuestros ojos, dejando sólo una especie de caja cuadrada.

Me senté en las mismas escaleras para no caerme al suelo. No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Creo que Iselda y Calver habían acabado de subir al piso superior.

La chica se acercó a la caja, apoyó su mano y de pronto apareció delante de ella una imagen cambiante y traslucida, reducida, de la armadura y arma de su rival, además de algunas cosas más que, deduzco a día de hoy, que llevaba encima en el momento de caer.

  • Vaya “loot” más deplorable – Dijo en voz alta – así no me ganará en la vida y yo no me llevo nada decente. Al menos el yelmo me sirve de momento hasta que encuentre algo decente.

Con un movimiento la chica hizo desaparecer la caja y las imágenes, sin embargo apareció el yelmo de su rival en su propia cabeza.

  • Bueno, es hora de irme a ver si consigo pasarme al Boss de esa torre antes de que acabe el tiempo límite de la misión.

Y casi como si nunca hubieran estado allí, la chica desapareció por la puerta, dejándola abierta a la noche lluviosa y dejando como muestra de lo acontecido sólo unas sillas volcadas.

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Relato: Nogheim Parte 1

Aquí dejo la primera parte de un relato que escribí para un concurso de relatos del foro Warhammer aquí. Las bases indicaban que debía tener entre 2000 y 5000 palabras (este tiene unas 2500) y la temática era libre.

Intenté, como casi siempre, jugar un poco con esto de los relatos, que es lo que me gusta. Aquí está la primera parte, ya que ponerlo entero era hacer una entrada demasiado larga, por lo que he decidido partirlo en dos, la semana que viene se publicará la segunda parte.

Sin más, dejo el relato.

NODHEIM

 

Anochecía cuando llegamos a Nogheim, un pueblo que aparentaba medio vacío por la amenaza de lluvia y que nos habíamos marcado como destino después de varias reuniones donde más que discutir nuestra ruta Edwina nos atiborraba con sus guisos. Nadie se quejaba por ello y todos acabábamos realmente llenos y satisfechos con aquellas noches en las que nunca acabábamos por decidir donde iría la compañía para la temporada de verano.

Las calles de tierra y piedra, claramente rurales muy diferentes de esas limpias calles empedradas de las grandes ciudades,  eran estrechas y con cuestas bastantes prominentes, hasta el punto en que la los integrantes del grupo tuvieron que bajar del carro para aligerar el peso del que tenían que encargarse las dos mulas que tiraban del carro, y de paso ayudar a empujar. Hrobet intentó, como siempre que podía, escaquearse del trabajo duro, pero su hermana de un buen tirón de oreja hizo que ayudara a empujar por la cuesta como el resto.

 

La compañía, ansiosa por la próxima actuación y cansada de un viaje de dos días en carro pasados por lluvia, se dispersó lentamente por la plaza central, mientras yo observaba desde el pescante del carro el lugar y sus gentes, que en esos momentos eran tres personas.

Los tres vecinos que se encontraban en aquella plaza a hora tan tardía, casi anocheciendo, se podría decir que estaban en un estado bastante desmejorado. Los dos hombres sentados en los escalones de piedra de acceso al Consistorio se apoyaban contra la piedra y entre ellos, uno dormitaba y el otro observaba con mirada perdida a la compañía que se disgregaba ante él. La otra persona, situada justo al otro lado de la plaza, era una mujer de avanzada edad que se sentaba en una silla de al menos los mismos años que ella, mientras acariciaba a un gato que dormitaba en su regazo.

Ilena se acercó a la anciana totalmente vestida de negro y empezó a hablar con ella. Desde aquella distancia no podía oírlas. La muchacha, que contrastaba claramente con su vestido claro contra la señora, por su juventud y desparpajo natural, parecía no tener inconveniente en tratar con cualquier persona que pudiera contestar sus preguntas. El gato despertó cuando la joven empezó a acariciar su pelaje grisáceo mientras conversaba con la anciana.

Galena y Hrobet, los rubios gemelos, se acercaron a mí y me indicaron que se iba a buscar alguna posada o fonda para pasar la noche, asentí sacando mi vieja pipa de madera desgastada y observé cómo se empezaban a perder por las calles laterales.  El resto de la compañía, Algar, Riena y Edwina, se acercaron al carro y comprobaron el equipo tranquilamente después de inspeccionar la plaza.

Como tantas veces en los dos últimos días miré al cielo esperando que aquellas nubes oscuras desaparecieran, pero seguían allí, manchando un cielo que poco a poco iba apagándose con los últimos rayos de sol que desaparecía detrás de las montañas que circundaban aquel valle. Si volvía a llover tendríamos que cancelar la actuación y casi seguro que la compañía no recibiría ni una mísera moneda. Habíamos invertido tiempo y dinero en el viaje de ida y aunque era el inicio del verano y pretendíamos viajar por diferentes pueblos en fiestas, tener un comienzo tan malo no auguraba nada bueno, además de que nuestros fondos no eran muy numerosos y tarde o temprano se agotarían.

  • La señora dice que hay una taberna a dos calles, por donde se han marchado los gemelos, aunque no sabe si tendrá camas libres. También me ha dicho que hay una posada siguiendo el camino hasta el siguiente pueblo, que no está lejos y que es mucho más barata y mejor, tanto por su comida como por el trato. Creo que no tiene en muy alta estima a los de la taberna – Dijo sonriendo Ilena que había vuelto de hablar con la anciana.
  • Pues cuanto más barata mejor, aunque estemos un poco más lejos del pueblo – Dijo Edwina desde la parte trasera del carro – Además, este pueblo parece muerto ahora mismo y deberían estar de fiesta.

Miré a la anciana, que seguía sentada en la vieja silla. El gato había saltado al suelo y se estiraba desperezándose mientras la señora nos miraba con su rostro impasible. Volví a mirar a los dos borrachos al otro lado de la plaza, los cuales seguían exactamente en la misma postura, sólo que esta vez ambos parecían dormidos.

  • A ver que nos cuentan los gemelos de la taberna. Luego decidiremos, pero teniendo en cuenta que las lluvias amenazan con aguarnos la actuación, no estaría de más mirar de alojarnos en la taberna si hay suficientes parroquianos e intentar llegar a un acuerdo con el propietario para poder sacarnos unas monedas allí dentro.
  • ¿Otra vez apestando a tocino y vino rancio? – Saltó de pronto Riena – Odio actuar en sitios cerrados que huelen a estercolero, o peor, a borrachos babosos y sobones.
  • Todos odiamos no poder vivir del aire Riena – Le contesté mientras golpeaba la pipa contra el lateral del pescante donde aún estaba sentado – Pero nos aguantamos e intentamos trabajar para comer – Miré a Riena de soslayo, puso cara de replicarme pero debió pensarlo mejor y al final solo suspiró amargamente.

Empezó a llover poco después de conseguir hablar con el tabernero, un hombre pequeño y enjuto, bastante nervioso y que hablaba con voz estridente. Decía llamarse Calver, aunque Hrobet enseguida lo bautizo como “Calvo”, al menos cuando no estaba delante. La taberna, llamada “El cuerno de cabra”, era una planta baja con unas cuentas mesas desvencijadas al fondo de esta, después de pasar la barra donde se servía el vino más aguado que había probado en décadas. Además de Calver se ocupaba de la taberna Iselda, su hija, una joven morena igual de delgada que su padre aunque de rostro más afable y trato más amable, sobre todo después de conocer a los gemelos, que tendrían su edad aproximadamente y estuvieron contándole todo lo que había por más allá del valle de donde nunca había salido. Iselda parecía soñar con salir de aquel sitio, más pronto que tarde.

Después de la cena la compañía hizo una pequeña actuación. Sin bailes por la falta de espacio, con lo que ni Riena ni Ilena tuvieron oportunidad de mostrar sus capacidades. Sin embargo los gemelos y yo mismo arrancamos con la música mientras la voz de Edwina llenaba la pequeña sala. No ganamos mucho pero al menos lo suficiente como para pagarnos la noche en una cama y la cena. Fuera estuvo lloviendo intensamente toda la velada.

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Relato: Ganarse el sueldo

Pues otra vez más participé en un concurso de relatos del foro Warhammer Aquí. Últimamente parece que sólo escribo relatos cuando se celebran estos concursos, pero es que estoy tan centrado en escribir rol que muchas veces ni me acuerdo de los relatos (quiero cambiar esto para compaginar las dos cosas).

Era de temática libre, de 1000 a 2000 palabras. No tuve mucho tiempo y no creo que estuviera muy lucido escribiendolo, desde luego no es de lo mejor que he escrito, pero me gusta. Decidí cambiar mi habitual narración en tercera persona para hacerlo en primera, porque cuando escribo en estos concursos me gusta jugar un poco con los relatos, cambiar y practicar.

Os dejo el relato.

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Relato: Un día más en la tierra

Pues otro relato que he escrito para el concurso de relatos del foro Warhammer Aquí (pinchad en el enlace si queréis ver las otras obras que se presentaron, algunas bastante interesantes). Las bases eran sencillas: Temática libre y una extensión de entre 500 y 2000 palabras (sin contar el título).

Os lo dejo aquí, se que es un poco más largo de lo que suelo acostumbrar a dejar, pero es que cada vez me cuesta más no seguir escribiendo una vez me pongo a ello. He corregido algún error tipográfico y un par de faltas de ortografía que he visto sin profundizar mucho, y al final haré una explicación de lo que he intentado con este relato, que creo que es interesante saberlo.

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Relato: Huesos del pasado (Ampliado)

Ya dije en su día que intentaría ampliar el relato “Huesos del pasado” ya que se me había quedado un poco demasiado corto debido a las restricciones del concurso para el que lo hice.

Últimamente ando bastante liado y voy un poco de culo (vamos a mudarnos y hemos tenido trabajo de limpieza y pintura, además del curro habitual, así que tengo tiempo justo para el blog o cualquier otro hobby), pero he sacado un poco de tiempo para seguir escribiendo a ratillos, así que aquí os dejo el relato de Huesos del pasado modificado y ampliado.

 

– Diga su nombre al tribunal, por favor.

– Henning Gunnarsen.

– Usted es profesor de historia en la Universidad de Newcastle Upon Tyne, especializado en migraciones de los pueblos escandinavos en los siglos IX y X ¿es correcto esto?

– Correcto.

– Ha sido llamado a declarar para que este tribunal pueda contar con su punto de vista sobre lo ocurrido la noche de los hechos que nos concierne, o sea el 23 de Noviembre de 2015. Le recuerdo que esto es una investigación sobre lo acontecido para intentar aclarar lo sucedido y no un juicio penal.

– Había salido con mi mujer y unos amigos la tarde del domingo a dar un paseo por los alrededores del castillo de Tynemouth. Sobre las cinco y media de la tarde, mientras admiraba la profundidad del mar y el sol se iba posando detrás de mi vi un reflejo sobre las aguas.

Llamé a mi mujer y a la otra pareja que ya se marchaban hacia el coche para que esperaran un momento e intenté de nuevo ver el reflejo entre las olas, y a los pocos segundos puede volver a distinguir aquel reflejo, cada vez más cerca, aunque ya no me parecía un simple reflejo. El resto de mi grupo se acercó junto otros paseantes y turistas que también se habían percatado de que algo había en el agua. Mientras mi mujer me urgía impacientemente a que nos marcháramos pudimos observar lo que parecía un barco, la luz ya era escasa y nuestros acompañantes, como tantos otros, pensaron que era un mercante y así lo afirmaron. Yo me negué a marcharme hasta asegurarme que lo que veía no era lo que me estaba pareciendo, un Drakkar que se acercaba desde el mar a tierra.

– Señor Gunnarsen ¿Puede explicar lo que es un Drakkar a este tribunal? Para que quede constancia en acta.

– Un barco antiguo, usado por los Vikingos hace siglos.

– Gracias, puede continuar con su narración.

– Cuando quise darme cuenta teníamos un Drakkar a poca distancia de la orilla, perfectamente conservado y funcional.

Sobre cubierta a penas había movimiento, pero justo en el centro pudimos ver algo que…

– Por favor profesor Gunnarsen, continúe.

– [Suspiro] En el centro del Drakkar había un grupo de 4 esqueletos con armaduras antiguas, no se movían y sujetaban en alto un gran escudo, sobre este había sentado otro cadáver con las ropas de un Caudillo Vikingo del siglo IX.

Creerán que perdimos la cabeza, o que algún fenómeno extraño nos afectó a todos y que alguna especie de psicosis grupal nos afectó, yo mismo he pensado en esas cosas, pero ¿que posibilidades hay de que gente que no conoce los acontecimientos del pasado haya vivido lo mismo que yo?…

– Por favor profesor, remítase a los hechos, ya habrá tiempo de evaluar sus capacidades, reflexionar sobre sus opiniones y decidir sobre estados mentales.

– Lo que vimos fue una autentica pesadilla que venía hacía nosotros en un barco de hace más de mil años. Me quedé mirando, sin más, sin poder moverme, simplemente siguiendo aquel pedazo de historia imposible que se nos acercaba lentamente con cadáveres sobre la cubierta, y entonces se movió… Increíblemente el caudillo se puso en pie sobre el escudo y sacando una espada apuntó directamente a la costa con ella, abrió la mandíbula y pudimos escuchar un grito cascado que decía “Ivar”. Entonces los remos que hasta entonces no había visto lanzaron al barco hacía la costa.

Sin saber muy bien como, el barco, que hasta ese momento había mantenido un estado de conservación esplendido cambió de pronto. La vela ahora estaba enmohecida y raída, el casco de madera se había podrido de tal manera que en algunas zonas había cedido a la presión del agua creando agujeros enormes por los que entraba agua del mar, y delante de todo, coronando la proa del barco, la cabeza de dragón había cobrado vida, nos buscaba con ojos rojos y brillantes y lanzaba fuego por las fauces abiertas mientras rugía.

Salimos todos huyendo, cuando volví la vista no quedaba rastro del Drakkar, ni de sus tripulantes ni señal alguna del fuego escupido por la cabeza de dragón. No puedo decir que lo vimos todos fuera real, aunque desde luego lo parecía, lo que si puedo asegurar al tribunal sin miedo a equivocarme es que ese Drakkar pertenecía a Ivar, hijo de Ragnar Lodbrok, llamado “El Deshuesado”, que comandó el gran ejército que asoló las costas del Reino Unido a finales del siglo IX junto a su padre y hermanos. Y que fue el cadáver del mismo “Deshuesado” quien estaba sentado sobre el escudo.

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Relato: Huesos del pasado

Hoy traigo un relato que realicé para el foro Warhammer Aquí. Las bases especificaban que era un relato libre de un máximo de 500 palabras y tenía una particularidad, cada participante al inscribirse aportaba una palabra, luego por sorteo se elegía una de todas esas palabras y todos los relatos tenían que contener dicha palabra. En este caso la palabra elegida fue “Deshuesado” (palabra que aportó nuestro amigo Yir-gamesh, que también participó en el concurso y Aquí podéis leer su relato)

La palabra es algo peculiar, y un poco complicada, al no tener muchas variaciones me lié a buscar en internet a ver si conseguía de alguna manera buscarle a esa palabra algo más de chicha y descubrí que había un personaje bastante interesante histórico que llamaban “el deshuesado”. Luego todo fue ponerme a escribir sobre el genero que más me apetecía, y salió esto:

Huesos del Pasado

– Diga su nombre al tribunal, por favor.

– Henning Gunnarsen.

– Usted es profesor de historia en la Universidad de Newcastle upon Tyne, especializado en los siglos IX y X.

– Correcto.

– Cuente a este tribunal lo que vio la noche de los hechos. Le recuerdo que esto es una investigación sobre lo acontecido para intentar aclarar lo sucedido y no un juicio penal.

– Había salido con mi mujer y unos amigos, la tarde del domingo 23 de noviembre, a dar un paseo por los alrededores del castillo de Tynemouth. Sobre las cinco y media de la tarde, mientras admiraba la profundidad del mar y el sol se iba posando detrás de mi vi un reflejo sobre las aguas.

Llamé a mi mujer y a la otra pareja que ya se marchaban hacia el coche para que esperaran un momento e intenté de nuevo ver el reflejo entre las olas. Y lo volví a ver a los pocos segundos, cada vez más cerca. El grupo se reunió, junto con otros paseantes y turistas que también se habían percatado de que algo había en el agua. Pronto pudimos ver lo que parecía un barco, la luz ya era escasa y mi mujer, como tantos otros, pensó que era un mercante. Pero yo reconocí esa silueta.

Cuando quise darme cuenta teníamos un Drakkar a poca distancia de la orilla, un barco Vikingo para que me entiendan, perfectamente conservado y funcional.

Sobre cubierta a penas había movimiento, pero justo en el centro pudimos ver algo que…

– Por favor profesor Gunnarsen, continúe.

– Había un grupo de 4 esqueletos con armaduras antiguas, sujetando en alto un escudo grande y sobre este había sentado otro cadáver con las ropas de un Caudillo Vikingo del siglo IX.

Increíblemente este caudillo se puso en pie, muchos salieron corriendo entonces, y sacando una espada apuntó directamente al castillo con ella, abrió la mandibula y gritó algo como “Ivar”. Entonces los remos que hasta entonces no había visto lanzaron al barco hacía la costa.

Salimos todos huyendo, cuando volví la vista no quedaba rastro del Drakkar, ni de sus tripulantes. No puedo decir que lo vimos todos fuera real, desde luego lo parecía, lo que si puedo asegurar al tribunal sin miedo a equivocarme es que ese Drakkar pertenecía a Ivar, hijo de Ragnar Lodbrok, llamado “El Deshuesado”, que comandó el gran ejército que asoló las costas del Reino Unido a finales del siglo IX junto a su padre y hermanos. Y que fue el cadáver del mismo “Deshuesado” quien estaba sentado sobre el escudo.

¿que decir del relato? pues que tuve muchas limitaciones con las 500 palabras, y que esa limitación hace que el relato no quedará como me hubiera gustado, que además es algo que me suele pasar con los microrelatos. De hecho, me gustó tanto documentarme (no solo sobre el personaje histórico, si no sobre la institución de la universidad y sobre el lugar donde acontece el relato, que son reales y además una zona donde Ivar pudo haber estado e incluso desembarcado en su época) que quiero en un futuro reescribir y alargarlo para que la tensión y el misterio sean los que me gustaría.

De momento os dejo el relato tal y como lo presenté al concurso (organizado por Jaume30, gracias compi), en el cual quedé en segundo puesto, y por el que me dieron un banner creado por un compañero del foro y participante a su vez del concurso DeorcSawol (gracias por el curro).

A ver si os gusta. Hasta la próxima.

Relatos: La persecución

Este es un relato que me ha dado por escribir así de pronto. Tal cual lo he escrito lo presento, y la verdad es que se nota que el final no es nada del otro mundo,  simplemente escribí lo que me  vino sin tener claro cual era la finalidad, ni si quería que tuviera una especifica. De hecho creo que simplemente puede ser el epilogo para algún personaje futuro o algún relato que escriba más adelante. Aquí lo dejo.

Subía el camino en cuesta todo lo rápido que le daban sus fuerzas, sin mirar atrás, simplemente corría sin querer pensar en lo cerca que podrían estar sus perseguidores, de los cuales podía oír perfectamente sus pesadas patas al horadar el suelo en su persecución, y sus gruñidos, casi gemidos o lamentos.

Empezaba a dolerle el pecho por la respiración, cada bocanada de aire que inspiraba parecía que se encontraba con otra que expiraba dentro de su garganta y le daba pinchazos en la base de esta. A veces, se atragantaba, pero seguía corriendo colina arriba, por el camino pedregoso, hacía la luz que marcaba el límite de la aldea. Estaba cerca, pero las bestias que le seguían lo estaban aún más.

Al llegar arriba de la colina saltó un pequeño muro bajo de piedras superpuestas. Notó como le pinchaban estas al apoyar las manos para darse impulso y siguió corriendo tal como tocó el suelo al otro lado. Rezó para que las bestias no pudieran tener la agilidad suficiente para saltar sin ralentizarse, aunque no creía que fuera a ser así – Al fin y al cabo- se dijo a si mismo – De eso tratan los rezos, de cosas poco probables.

La luz de las antorchas del pueblo le dio fuerzas, y corrió aún más, hasta que llegó a la puerta de la primera casa, la del viejo Pelias. Se encaramó a la enredadera que había en el muro de la casa y subió apresuradamente hasta el balcón del piso superior. Allí por fin miró a las sombras que había dejado atrás, respirando pesadamente e intentando centrar la vista en busca de sus perseguidores.

Una decena de puntos amarillos que brillaban con maldad desde la oscuridad lo observaban más allá de la luz, la cual se reflejaba en aquellos puntos. Un escalofrío lo recorrió y pese a su juventud y la poca atención que había prestado a las leyendas, sabía que las bestias eran lo que llamaban Espectros bestiales. Un aullido más similar a un gemido de impotencia y rabia sonó en la noche, y de pronto todos aquellos puntos amarillos desaparecieron.

Pelias debió despertar con aquel aullido rabioso, una luz se encendió en la casa y aprovechó para llamar al viejo con unos golpes en la ventana. Ahora tendría que dar explicaciones de que hacía allí encaramado y porque había salido del pueblo en las horas prohibidas, pero al menos se había librado de que las bestias lo mandaran al infierno devorando su alma.

Relato: Día – Noche

Presento aquí otro de esos relatos con los que participé en un concurso del foro Warhammer Aquí. Esta vez la temática era libre también, pero el formato era de Microrelato. Entre los participantes se decidió que lo mejor era que los relatos no pasaran de 100 palabras, aunque se dejó un poco más de margen, hasta 120 palabras.

He de decir que me costó mucho más de lo que esperaba hacer este relato. La idea de lo que quería escribir la tenía clara, y de hecho creo que ese fue una de las mayores complicaciones con las que me encontré, porque me puse a escribir y me salieron más de 170 palabras, así que tuve que ir recortando y reajustando, algunas partes reescribiendolas para que no perdieran sentido pero expresaran lo mismo. Al final me salieron más de 100, pero la experiencia ha sido muy buena, y quizás repita en este formato si me veo con tiempo para ello, teniendo en cuenta eso si, que a mi personalmente me ha costado escribir más esto que un relato de 500 palabras, que te da más libertad y te restringe menos.

Os dejo el relato a ver que os parece.

El sofocante calor diurno parecía ya distante, incluso la sensación asfixiante del aire ardiente se hubiera asemejado a un sueño de no ser por los labios, boca y fosas nasales quemadas.

Varias veces dio gracias por tener los ojos vendados. Incluso por la tela pesada y oscura fuertemente atada pasaba la luz brillante y dañina.

Ahora todo había cambiado, con la noche el frío llegó, en principio refrescante, más tarde pernicioso. Intentó frotar su cuerpo para entrar en calor, pero las ataduras de las muñecas no se permitieron.

Pronto sabría porque estaba allí por la fuerza e intuía que lo que vería cuando cayera la venda, que soltaban en ese momento, no iba a ser agradable.

Relato: Sin Estrellas

Este relato lo presenté a un concurso de Microrelatos del foro Warhammer Aquí en Mayo de 2013, las bases especificaban un límite de 500 palabras, temática libre. El relato quedó en segundo puesto empatado con mi compañero Cylde, y por detrás de Mr. Sogad, que tiene bastante bagaje en esto de la escritura y que presentó un relato que realmente merecía ganar. La verdad es que quedé muy satisfecho con el relato ya que hacía mucho tiempo que no escribía nada. A ver que os parece.

 

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Relato: Si miras al vacio, Relato: Reflejos

Lo que me quedaba de mi antiguo blog, dos cosillas muy cortas que escribí hace mucho tiempo. Los pongo en relatos porque al fin y al cabo son cosas escritas por mi mismo, aunque no sean exactamente relatos como tal. Y con esto ya tengo un blog menos por el mundo y todo unificado en el túmulo (o al menos la gran mayoría).

SI MIRAS AL VACIO

“Si miras al vacío….” dijo una vez “El Genio”. Y yo miro al vacío insondable, a la inmensidad cósmica y floto hasta nebulosas ocultas a los sonidos distantes. Desde el infinito puedo observar millones de luminosos puntos danzando unos con otros en la oscura y fría nada estelar.

Si miras al vacío y este te devuelve la mirada quizás sea yo mirando hacía ti.

 

REFLEJOS

Miro al espejo y el reflejo me devuelve la mirada, fría, intensa, interrogante. Parece preguntarse sobre el reflejo que lo observa y que motivo tiene para fijar esa mirada de ojos claros e intensos.
Creo que intenta adivinar los pensamientos en la mente detrás de esos ojos, sus miedos y valoraciones, su larga y tenue experiencia vital, su teatral concepto de la humanidad. 
Sabe que algo está mal, solo es un reflejo que le devuelve la mirada, el reflejo de un reflejo. ¿Cuál de los reflejos es real? ¿Cuál sabe la verdad?
¿Alguien puede mirarse al espejo, observar su reflejo y decir “Ese de ahí no soy yo”? ¿Alguien puede mirarse y verse a si mismo tal y como es?
Miro al espejo y el reflejo me devuelve la mirada, fría, intensa, me pregunta si realmente me veo en el o simplemente es otro reflejo de mis miedos y esperanzas…

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