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Diario rolero: Mi afición es la mejor…¿o no?

He estado últimamente reflexionando sobre mi afición favorita y como la vivo y la entiendo. Me he visto a mi mismo hace unos años y la evolución hasta donde estoy ahora, como he cambiado, como ha cambiado el rol para mí y como el rol me ha cambiado. También he estado analizando como el rol en general y la “comunidad rolera” han cambiado. Así que voy a soltar frases random que no aporten nada más allá de sembrar semillas de reflexiones, como mucho.

Empecemos por algo básico. Todas las personas cambian, todas y cada una. Con esta premisa es fácil comprender que la manera en la que entendemos nuestras aficiones también lo hacen. No puedo tomarme como hace 20 años una afición porque no soy la misma persona ni pienso igual, si hay alguien que no esté de acuerdo y crea que no ha cambiado, lo siento por ti, tu mundo ha quedado reducido por alguna razón a la monotonía y el estancamiento, espero que encuentres ayuda y puedas salir de eso.

Además, los tiempos cambian, las aficiones como tal requieren personas viviéndolas, y los avances y cambios tecnológicos, sociales y hasta los económicos influyen en estas aficiones. Hoy juego y debato con personas a miles de kilómetros en tiempo real y tenemos a nuestro alcance una información que hace unos años era impensable. Hoy se ha establecido tanto el jugar online y se ha normalizado tanto el rol que hay shows en los que se muestra a personas famosas de cine y Tv jugando, teniendo millones de seguidores. Y tenemos mucho rol gratis, mucho, cuando hace años lo más parecido era encontrar una copisteria que nos fotocopiara los manuales baratos porque no podíamos pagarnos ediciones originales.

Es evidente que tanto nosotros como los tiempos cambian. Lo que no tengo tan claro es que las malas costumbres, los vicios, adquiridos por exposición a ellos o por desconocimiento, y las actitudes prepotentes cambien tanto. He visto como se arrastraban estas con el paso del tiempo. Los que se reían de quienes no sabían lo que era D&D o MERP luego se quejaron de que la gente acudiera en masa a jugar Vampiro, para más tarde quejarse porque la gente ya no jugaba a los clásicos, o peor “jugaba mal”, los mismos que se quejan del rol online, o de que hayan feministas que no les dejen hacer lo que les de la gana en sus fantasías pajilleras roleras. Y si, he tenido delante gente de este calado y me ha tocado darme la vuelta y pasar de ellos.
También recuerdo a todas las hordas de nuevos jugadores que acudieron en masa a la llamada vampírica. Primero, no eran tantos como pueda parecer, pero claro, si que se hacían notar, y encima para muchos llevaban todo esto del rol a nuevas fronteras, saliendo de las mesas cerradas para abrirse al mundo, y de paso coger lo que había que funcionaba para añadirle elementos, que algunos gustaba y a otros no. Ya sabéis, aquello de “es que eso no es rol”.

Y no digo que fuera bueno o malo, incluso que yo pensara de una manera en aquella época que me posicionaba en un bando u otro. Aunque siendo sincero, en realidad me importaba poco lo que hacían otros y prefería coger lo que me gustaba y adaptarlo a mi bola y mis mesas.

Una afición no es buena o mala por sí misma, sino que es la manera de vivirla de cada aficionado, las experiencias que tiene en esa afición, las que hacen que esta sea buena o mala para cada persona concreta. Lógicamente en una afición donde prima tener que socializar, si das con personas con las que no tienes afinidad ninguna y que no tenéis los mismos gustos, difícilmente podrás divertirte.

Y esto viene a colación porque me parece que hay una vertiente de la “comunidad rolera” que olvida que el rol es simplemente una afición más, una que encima requiere socializar, y por encima de todo una afición en la que nos metemos en la piel de otros y debemos interpretar y “empatizar” con otras maneras de ser.

Ostia, que no somos dioses y todos nos equivocamos, pero una cosa es eso y otra no tener autocrítica ninguna y negar categóricamente que estemos equivocados y continuar con las mismas actitudes que se demuestran negativas para otros.

Quiero hacer una aclaración. Me parece tan mal ser un capullo integral de estos como los que con su pasotismo dejan que los capullos sigan a su rollo molestando e incomodando (cuando no van a cosas más perjudiciales). Y mira, tengo algún conocido con el que tengo broncas por esto justamente.

Creer que nuestra afición es la mejor, que todo el mundo puede disfrutarla aportándole lo mismo que a nosotros es un poco estar fuera de la realidad. Y lo olvidamos. En mi caso vivo rodeado de rol. Trabajo habitualmente en un taller, solo y aislado. Me llevo podcast o partidas de rol para escuchar mientras trabajo. Mis lecturas tienen que ver mayormente con rol. Juego y dirijo varias veces a la semana, escribo muchas cosas relacionadas con rol, y cuando veo series o películas, juego videojuegos o leo cómics y libros, muchas de las cosas que allí me muestran acaban en mis partidas de rol de una manera u otra.

Esto hace que en ocasiones haya olvidado que hay un mundo donde el rol no existe, y ese mundo es tremendamente grande en comparación con el mundo donde si existe. Tener la sensación que mi afición, el rol, es la mejor de todas es una mentira, no porque no crea en todas las virtudes que tiene, que son muchas, si no por el hecho de que somos muy pocos los que sabemos lo que es. Y aunque pienso sinceramente que objetivamente el rol es de las aficiones a las que se le puede sacar una rentabilidad que trasciende el juego y pasa a directamente ayudar a personas, también creo que el potencial que tiene es tan malo como bueno. Es muy fácil que se use de manera que se pueda herir a otros, con o sin intención.

Y esto parece un tabú en nuestra pequeña, casi ínfima, comunidad. En una mesa puede pasar de todo. Algunas personas, con la “protección” que da estar sentados tranquilamente en una mesa sin movernos de la silla pueden atacar a los miedos e inseguridades de otras. Se puede incomodar hasta límites que no se debería o incluso manipular a otras personas. Y me da bastante rabia que haya quien lo niega categóricamente, encima algunas personas que lo hacen con una repercusión, merecida o no, que les hace llegar a muchas otras personas.

El problema es más grave de lo que parece. Estas personas con repercusión puede que hagan algunas cosas bien. Pueden ser buenas dirigiendo, pueden ser buenas interpretando, organizando o simplemente estar apuntadas a todo evento que se le cruce. Y repito, creo que es tan malo ser un capullo que ser el que le consiente al capullo serlo. Creo que el silencio, el dejar pasar ciertas cosas, el dar voz a los capullos escudándose en la libertad de expresión cuando lo primero que hacen es negársela a otras, e incluso el no querer mirar a lo que tenemos en nuestra afición. Pero claro, lo fácil es llamar “flamer” o “polémico” al que denuncia, al que dice, al que indica (hace poco me pasó en RRSS y quizá explique la situación otro día, por soltar mi opinión, le pese a quien le pese).

Y eso sin meternos en el rollo de las disputas, más centradas en temas concretos, dentro de la comunidad. Somos pocos y discutimos por sistemas, ambientaciones, por grupos. Muchos luchan por la inclusión mientras otros ponen trabas para que no haya herramientas que faciliten esta. Discutimos por editoriales. Discutimos porque alguien no nos cae bien y otra persona sí. Hasta por si nos gustan los dados azules o rojos.

Soy de los que discute, al menos en cosas que creo importantes. Soy de los que da su opinión, aunque también admito que muchas veces mi “tono” no es el adecuado para debatir por redes, o quizá sí, y me he adaptado bien a ellas.
Me he dado cuenta que he sido de los que pensaba que nuestra afición era la mejor, aunque sea un gusto personal que nada tiene que ver con lo bueno o malo que pueda ofrecer al mundo.

Quizás nuestra pasión nos ciega a veces. Somos una minoría que debería remar más en la misma dirección. Y no, no siempre ponemos empeño en ello. Aunque también es difícil ponerse a remar en la misma dirección cuando tienes 2 tiburones en la barca diciéndote lo mierda que eres, lo poco que avanzas y soltando los remos. Tiburones que encima si te quejas de lo más mínimo te acusan de incendiario, de hundir la barca y de que no aportas nada.

Hasta la próxima.

 

 

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