El Túmulo de Gorblag

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Relato: Ganarse el sueldo

Pues otra vez más participé en un concurso de relatos del foro Warhammer Aquí. Últimamente parece que sólo escribo relatos cuando se celebran estos concursos, pero es que estoy tan centrado en escribir rol que muchas veces ni me acuerdo de los relatos (quiero cambiar esto para compaginar las dos cosas).

Era de temática libre, de 1000 a 2000 palabras. No tuve mucho tiempo y no creo que estuviera muy lucido escribiendolo, desde luego no es de lo mejor que he escrito, pero me gusta. Decidí cambiar mi habitual narración en tercera persona para hacerlo en primera, porque cuando escribo en estos concursos me gusta jugar un poco con los relatos, cambiar y practicar.

Os dejo el relato.

GANARSE EL SUELDO

Intento mantener la vista baja disimuladamente y sin hacerme notar. Las dos personas, una mujer rubia madura y la masa de músculos calva que es el hombre que la acompaña, enfrente de mí en la mesa no parecen percatarse de ello, aunque tampoco creo que les importe mucho si estoy participando en la conversación que tienen con mi Maestro.

Miro de nuevo el cuenco de madera con sopa de caldo que hace un rato que mareo con una cuchara del mismo material. Los otros tres ríen a carcajadas por un chiste o chascarrillo que no he captado, estoy pensando en otras cosas. Esa sensación que eriza mi vello recorriendo mi columna cada vez es más evidente, y una angustia intermitente hace que no pueda comer. Si me concentro quizá sea capaz de captar algo más.

Cierro los ojos fuertemente, aprieto los dientes e intento olvidar todo a mí alrededor. La taberna poco a poco desaparece de mi mente, las mesas más alejadas primero, y paulatinamente el resto, sólo las siluetas difusas de mis tres compañeros persisten en la imagen mental que tengo en mi cabeza.

Y ahí está, ese halo violáceo que aparece a mi izquierda, que parece latir por momentos. Debe de estar cerca del edificio ¿en la plaza quizá? Pruebo con mi oído por si pudiera captar algo que viniera desde esa dirección, pero amortiguar el resto del barullo del local ya me cuesta bastante por sí sólo.

Vuelvo a notar la angustia y un leve dolor en la boca de mi estomago. El halo violáceo pulsa cada vez más rápido, cada vez más grande y más cercano. Se acerca a nosotros despacio, con cautela. Debemos tener cuidado, hay que prepararse, debo avisar al resto.

Una fuerte palmada en mi espalda me saca de mi estado de percepción. La rubia, Olhana, está en el centro del local, grita a la gente que se marche a la vez que se quita su capa para mostrar su uniforme, su rango y su acero. Grol, la montaña de músculos, corre con su hacha preparada hacía la puerta principal detrás de la cual está el halo. La gente que huye en dirección contraria acatando las órdenes de la mujer lo esquiva sin rozarlo siquiera, pese a su tamaño. A mi lado derecho el Maestro me sonríe mientras me dice que es la hora de ganarnos el sueldo que la ciudad nos paga.

Algo revienta la puerta. Lo veo a cámara lenta todo gracias a mi propio don. El Maestro levanta las manos que se iluminan con luz dorada, desde la punta de los dedos hacía atrás, mientras grita con convicción el conjuro que pretende lanzar. La mujer desenvaina su espada y espera, cubriéndose con la capa de las astillas que hasta hace poco eran la puerta y que vuelan por la sala. Grol simplemente se lanza hacía lo que acaba de atravesar la puerta.

Una masa oscura con tonos violetas intenta golpear al guerrero con un par de apéndices parecidos a látigos de tres brazos de grosor. Dos rayos dorados salen de las manos del Maestro, deben de ser enormemente veloces, casi no me da tiempo a seguirlos pese a mi don. Impactan en la criatura y la atraviesan. El guerrero la golpea sin cesar con su arma cada vez que esquiva los ataques de los apéndices. Me llega el grito de dolor de la criatura al recibirlos, aunque apagado, ralentizado.

Hay que centrarse, preparar mi parte y dejar que el resto se encarguen de la suya. Cierro de nuevo los ojos, concentrándome, recordando los gestos y palabras tantas veces leídos, tantas veces escritos. Al volver a abrirlos veo que el guerrero está en el suelo en medio de la instancia, intentando levantarse de lo que antes era una mesa de madera maciza, su brazo izquierdo cuelga sin fuerza a su lado, pero parece que él no se ha enterado o quizá no le importe. El Maestro se ha desplazado un poco hacia el flanco de la criatura, que ahora está dentro del local intentando acertar a una Olhana que esquiva y finta con una agilidad asombrosa y va haciendo mella en el enemigo con estocadas rápidas y precisas. Grol vuelve de nuevo a la lucha y lanza su corpachón contra la masa oscura, estampándola contra la pared. En ese momento Olhana me grita y señala al bicho, el guerrero se deja caer al suelo dejándome un blanco más fácil.

Recuerdo como me lo explicó el Maestro, primero un murmullo, que crece y aumenta de volumen, hasta que sea un grito ensordecedor. Por un momento dudo de si mi concentración ha sido suficiente, si he acumulado la magia necesaria, pero ahora ya no hay nada que pueda hacer, así que sólo queda seguir adelante.

Me elevo en el aire levitando, murmullo, grito y el aire delante de mí misma vibra tan intensamente que se ve a simple vista. La onda recorre la estancia, pasa por al lado del Maestro y por encima de Grol, que se cubre los oídos con una mano como puede acurrucado en el suelo, y llega a la abominación a la vez que Olhana se separa de ella de un salto.

Y todo estalla, la criatura en un millar de pedazos de carne violácea y gelatinosa que se pega a todos lados, la pared del local y el carro que estaba justo detrás se derrumban, y el techo del local cae sobre nuestro compañero agazapado en el suelo. Mientras yo me poso en el suelo, despacio me dejo llevar hasta ponerme de rodillas, débil pero orgullosa de haber abatido a mi primer objetivo.

Olhana me sujeta mientras pregunta a Grol por su estado. Es demasiado duro, parece que ni un brazo roto y el resto del cuerpo machacado pueden con su ridículo sentido del humor. El Maestro se acerca con su sonrisa “lo has hecho bien muchacha, hoy te has ganado el sueldo y un buen descanso” creo que me dice mientras me voy sumiendo en la inconsciencia.

Hasta la próxima

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