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Relato: Un día más en la tierra

Pues otro relato que he escrito para el concurso de relatos del foro Warhammer Aquí (pinchad en el enlace si queréis ver las otras obras que se presentaron, algunas bastante interesantes). Las bases eran sencillas: Temática libre y una extensión de entre 500 y 2000 palabras (sin contar el título).

Os lo dejo aquí, se que es un poco más largo de lo que suelo acostumbrar a dejar, pero es que cada vez me cuesta más no seguir escribiendo una vez me pongo a ello. He corregido algún error tipográfico y un par de faltas de ortografía que he visto sin profundizar mucho, y al final haré una explicación de lo que he intentado con este relato, que creo que es interesante saberlo.

UN DÍA MÁS EN LA TIERRA

Tenía los ojos irritados por el polvo, el humo y las lagrimas. Había pasado un rato, de silencio, calma y exasperación extrema. Notó como sus articulaciones estaban en tensión hasta casi el dolor, rígidas, tensas. Retiró sus manos, que aún temblaban, de sus orejas y se quedó en silencio, completamente inmóvil. Esperó mientras intentaba escuchar  y hasta se preguntó si realmente no tendría algo dañado en sus oídos, hasta que el sonido de sus propios sollozos y su respiración entrecortada le aseguraron que oía perfectamente.

Fue entonces cuando levantó la cabeza y retiró la capucha del abrigo, se frotó con las mangas la cara y observó lo que le rodeaba.

Estaba en la biblioteca, aún debajo de una de las grandes mesas de madera donde había estado estudiando y donde se había metido en cuanto sonaron las primeras alarmas. El mobiliario, los archivos de registro y los pocos libros antiguos que quedaban de épocas remotas se amontonaban de manera desordenada por el suelo. Un gran agujero daba al exterior donde antes se encontraban los baños. Había visto correr hacía allí al encargado de los archivos mientras se metía debajo de la mesa. Pensó que era mejor no acercarse allí.

La enorme doble puerta del edificio seguía cerrada excepto por el pequeño portillo que siempre quedaba abierto para el paso diario de la gente. Se acercó despacio intentando no pisar los cristales de la vidriera de la entrada que ahora se extendían por el suelo en miles de pedazos puntiagudos y cortantes, y se asomó al exterior.

Pudo ver la calle en parte, el humo y el polvo que aún no se había posado eran como una espesa niebla que solo dejaba intuir las siluetas de los edificios y difuminaba la luz del sol atenuandola. El efecto era bastante fantasmal, como la falsa niebla iluminada por focos de aquellas películas que les hacían ver en las clases de “Historia de la cultura cinematográfica”. El templo al otro lado de la calle estaba entero, pero justo el bloque de viviendas cercano aparecía medio derruido, enseñando sus entrañas vecinales y desparramándose por el pavimento urbano. Nada se movía allí. Esperó de nuevo un poco, intentando aguzar sus sentidos por si podía detectar algún peligro.

A su derecha sintió un gemido lastimero, entre la cortina de humo y polvo vio aparecer una figura tambaleante que avanzaba lentamente por el centro de la calle. El gemido se trasformó en una petición de ayuda y fue al salir corriendo hacía allí por encima de los escombros cuando se fijó en que el hombre llevaba en sus brazos una niña pequeña sobre la que se derramaba la sangre de una fea herida que el adulto tenía en la parte superior de la frente y que cruzaba por su rostro. Llegó a su lado y casi sin poder evitarlo cogió a la niña inconsciente entre sus brazos mientras el hombre, lleno de heridas y sangre caía al suelo, quedando tendido boca abajo, con la cara metida en un charco que se iba formando debido a una tubería rota.

Habían pasado diez minutos desde que empezara a moverse en la biblioteca. Cogió a la niña de unos 7 u 8 años le cubrió la cabeza llena de sangre del hombre muerto para que no respirara el polvo y se fue por entre los escombros dirección al hospital, pasando por delante del templo y la biblioteca. Las calles intransitables debido a la destrucción estaban llenas de vehículos inservibles, rotos, aplastados por partes de edificios o bloqueados por estos o por las grandes grietas que levantaban el asfalto en formas que nunca hubiera imaginado. Ignoraba conscientemente las manchas oscuras, brillantes y húmedas, y las formas retorcidas que iba adivinando en diferentes puntos de su camino, mientras el polvo se aposentaba y cubría parcialmente todo el horror que al lado y debajo de los escombros había. El sol volvía a brillar como un rato antes, y por un momento se preguntó donde habrían ido a parar sus gafas oscuras, como si fuera algo importante.

Notó como la niña se movía inquieta y se resguardó entre el grueso muro del jardín botánico y los restos de una tenderete que vendía periódicos. La bajó al suelo y le quitó la capucha de color rojo. Tenía los ojos llorosos y parecía asustada. Simplemente le dijo que todo saldría bien y que estuviera tranquila y en silencio, parecía que no estaba herida, pero decidió que seguiría camino del hospital donde seguramente se organizaría algún tipo de ayuda. Tapó su cabeza, la cogió de nuevo en brazos y siguió su camino entrando por la puerta del jardín botánico para cruzarlo. La verja del arco de entrada permanecía abierta, la caseta de ladrillos seguía allí entera y al lado tenía un carro volcado en el suelo junto con dos cubos parcialmente llenos de hojarasca. Nadie había allí ni vio restos de nada más.

Todo parecía demasiado tranquilo en el jardín botánico. Desde luego no era el jardín que recordaba, pero estaba mucho más entero y sano que lo que había visto hasta ahora del resto de la ciudad. El silencio era patente. Todas las aves que se congregaban allí los días de fiesta, en la pequeña laguna, para que la gente las alimentara a base de trozos de pan y aperitivos rancios debían haber escapado buscando protección en el cielo. Los senderos de grava le parecieron demasiado ruidosos al pisar en ellos, así que se encaminó entre la flora, intentando evitar arbustos y parterres.

Al cabo de un rato se apoyó en un árbol y bajó a la niña al suelo para descansar los brazos. No hacía mucho deporte y notaba como se le iban entumeciendo las extremidades con el peso de la pequeña. Aprovechó el momento para volver a tranquilizarla y le preguntó por su familia, pero la niña parecía demasiado conmocionada, asustada y confusa, por lo que al final desistió y le preguntó su nombre, dijo llamarse Dalia. Luego ella le preguntó por su profesor. Le mintió diciendo que había tenido que ir al colegio a cuidar de los otros niños y llevarlos con sus familias, mientras los restos de la sangre de este se secaban en la cara de la niña.

Reanudaron la marcha, esta vez con la niña subida a su espalda, con lo que le dejaba más comodidad para avanzar y correr en caso de ser necesario. Estaban cerca de la salida y el hospital estaba poco más allá. Por un momento pensó en acelerar el paso, pero luego lo pensó mejor, tenía prisa pero tenía aún más miedo.

Al cruzar un pequeño puente que pasaba sobre uno de los brazos que salían de la laguna por fin pudo oír algo. Apresurándose cruzó los tres escasos metros que le separaban de otra caseta de pájaros construida junto unos arbustos de media altura, el puente de madera crujía bajo sus pisadas, y una vez superado este se dejó caer al suelo entre la caseta y los arbustos mientras le susurraba a la niña que estuviera muy quieta y callada.

El leve silbido que había notado de pronto aumentó tanto de volumen como de cadencia. Ahora identificaba lo que parecían una especie de motor de pequeño tamaño en marcha Aguantó la respiración y apretó contra su cuerpo aún más a Dalia, podía notar como temblaba.

Flotando a unos centímetros del suelo, vio a través de los arbustos, pasar flotando una forma redondeada de metal pulido, sin apenas juntas o huecos a excepción de un ojo que sobresalía de un tubo corto y que se movía levemente como buscando algo,y cuatro tentáculos metalizados de unos 30 centímetros caían desde su base de la esfera central. Poco a poco cruzó por encima de la laguna, deteniéndose en el puente durante instante, para después seguir flotando en dirección opuesta a donde había llegado con ese incesante zumbido leve. Le costó moverse e incluso darse cuenta que apretaba con demasiada fuerza a la niña que aún estaba en sus brazos y se quejaba levemente, tenía los dientes tan apretados que le costaba abrir la mandíbula. Dejó de abrazar a la niña por temor a hacerle daño, intentó calmarse, pensar, buscar la manera de salir de allí lo antes posible.

Se levantó y volvió a colocar a Dalia a a su espalda. Miró la dirección desde donde había llegado la esfera flotante y se estremeció al ver que venía directamente del Hospital. Se puso en marcha al no querer permanecer allí más tiempo y tampoco sabía donde ir si no era a un sitio donde seguramente más gente y con más recursos acudiría, como el Hospital.

Cuando por fin pudo ver las dos moles que formaban los edificios del Hospital tuvo un momento de alivio. Oía desde la distancia movimiento, motores en marcha, y hasta podía identificar desde hacía unos segundos las voces de gente. Aceleró un poco, girando hacía la puerta y entrando ya sin remilgos en el camino de grava. La verja estaba parcialmente cerrada, pero no del todo, dejando espacio para pasar casi a dos personas por ella. De pronto se paró en seco, dos esferas metálicas flotantes estaban un poco más allá de la puerta, apareciendo en su campo de visión al acercarse a esta. Se ocultó detrás de un árbol mientras veía como las esferas flotantes se dirigían al edificio del Hospital. Tragó saliva e intentó pensar en que hacer si eran hostiles. De donde venía no había nada más que destrucción, lo más tranquilo que había encontrado era el parque, y con al menos una de las esferas patrullando no era seguro, entrar en el Hospital con otras tantas tampoco.

Volvió a mirar atrás. La parte sudeste del parque daba a la zona del río, que al poco salía de la urbe para adentrarse en la zona boscosa. No era una gran idea a su parecer. No quería enfrentarse a los animales salvajes, pero se autoconvenció que con todo el jaleo que se había armado estos habrían huido hacía zonas más seguras. Más allá del pequeño bosque un brazo de la ciudad se extendía de nuevo, en una zona menos poblada. Al sur estaban las montañas.

Mientras retrocedía despacio y silenciosamente entre los árboles a la vez que dejaba el sendero de grava un disparo que provenía del hospital rompió el silencio, como si un pistoletazo de salida se tratara, sólo que esta vez fue para el desastre. Desde donde estaba ya no veía nada, sólo la lejana puerta. Se oyeron gritos, otro disparo y luego zumbidos muy fuertes seguidos de una masa asustada y furiosa gritando. Dalia se movió inquieta, asustada en su espalda. Miró por última vez la puerta y volvió a ponerse en marcha apresuradamente.

Dos meses después, Dalia jugaba con un pedazo de trapo al que había pintado un par de ojos y una boca, lo llamaba Tony. Desde donde estaba, en la puerta de la pequeña casucha que habían usado como refugio temporal veía la ciudad a los pies de la montaña. Las naves pasaban de tanto en tanto sobrevolando la zona boscosa, pero en aquella época del año era demasiado frondosa. Pronto tendrían que moverse.

El día anterior habían escuchado disparos y hasta una explosión, en alguna zona de la ciudad. O alguien resistía o fue una medida desesperada, no quería averiguarlo, pensaba que solo les traería problemas. Volvió adentro sonriendo al oír a Dalia conversar con aquel trozo de trapo viejo, y empezó a guardar las latas en una mochila. Les quedaban raciones para un par de semanas, y no sabía cuando podrían encontrar un lugar seguro, si es que existía uno, de todas maneras pensó que la Esperanza era mejor que dejarse matar por un ser extraño y metálico de a saber que galaxia.

Un día más en la tierra empezaba, sólo esperaba que no fuera el último.

Cuando me planteé empezar a escribir el relato lo único que tenía claro es que no quería que fuera de fantasía heroica y que tampoco quería que lo protagonizara ningún tipo de guerrero o luchador. Mi intención desde el principio fue que el lector siguiera los pasos de una persona normal y corriente, que se pudiera ver identificado con esa persona más cotidiana enseguida, ya que es un relato corto.

Un par de preguntas que me gustaría que se hiciera cada lector del relato ahora es ¿que género tenía mientras leíais el o la protagonista? ¿Creéis que cada lector puede haberle dado diferentes características? Si volvéis a leer el relato no encontraréis ni una referencia al sexo, raza o religión, lo único que quise detallar un poco es que estudiaba, y por eso el relato parte desde la biblioteca.

Al empezar a escribir me dí cuenta de que si quería que cualquier tipo de lector se identificara con el personaje tenía que escribir diferente a lo que estaba acostumbrado y eso implicaba jugar con el lenguaje y la narración.

Lo primero que hice fue prescindir de diálogos. Es complicado que en una conversación no se detalle de algún modo algo del personaje. En otros idiomas que no domino apenas, como el inglés, es más fácil esconder el género de un personaje, pero en Castellano cuesta bastante más. Ha sido, para ser sincero, más complicado de lo que pretendía, pero me he divertido bastante con ello.

Otra cosa que hice fue partir en dos líneas temporales el relato. En la segunda, que es la conclusión, simplemente cambié el tono asfixiante y de tensión por uno más esperanzador, con posible continuación y sin dejar que se diluya el peligro del todo, pero ninguno de los dos protagonistas está como en el resto del relato, asustado o tenso hasta el extremo.

En la primera mitad en ningún momento hay descanso, pero además intenté, que creo que no terminé de cuajarlo bien del todo, una estructura temporal. Cuando escribí el relato cada ciertos párrafos se empezaba con la frase “Habían pasado X minutos desde…”. En una secuencia de tiempo que iba aumentando, y mi intención era hacer como bloques temporales, primero 5 minutos, luego 10, luego 15, y así sucesivamente. La verdad es que me hubiera gustado dedicarle un poco más de trabajo a este tema, pero me centré más en lo de las características del o la protagonista. Queda sin embargo un poco en segundo plano, pero está.

Me ha salido una explicación larga, espero que alguien pueda encontrarla interesante y si tenéis algún comentario estaría encantado de leerlo. Escribo sin tener muchos conocimientos, simplemente me gusta hacerlo y jugar con ello.

Hasta la próxima.

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